San
Quílez
San Quílez (Quirico,
Quice o Ciro) fue un niño
de tres años martirizado
junto a su madre en Iconio
(Asia menor) el año
303 en tiempos del emperador
Dioclesiano. La madre, Santa
Julia fue martirizada en presencia
del niño: la desollaron,
la metieron en una caldera
de pez hirviendo y al final
la decapitaron. Viendo el terrible
suplicio de su madre, el niño
San Quílez armó
tanto escándalo y hartó
tanto al perfecto que lo estampó contra las escaleras.
Su fiesta se celebraba en unos
sitios el 16 de junio, en otros
el 7 de septiembre y en algunos
lugares el 31 de octubre. Los
niños son símbolo
de la transformación
del individuo, de cambio personal,
de renacimiento de una vida
nueva, la esperanza del futuro,
la continuación asegurada
de la comunidad, y por eso
un elemento social tan importante
tenía que tener su santo
protector: San Quílez
La mortalidad infantil ha sido
muy elevada hasta hace relativamente
pocos años, y Campillo,
en este caso, se encomendó
a San Quílez para la
protección de los niños
y los jóvenes. Se le
representaba con la palma del
martirio, con un caldero alusivo
al que usaron para martirizar
a su madre, con una sierra,
espada o cuchillo, e incluso
un jabalí. En la documentación
Histórica de Campillo
aparecen muchas personas que
llevan el nombre de Quílez.
En su festividad, la gente
joven, los niños, hacían
hogueras con leña robada
o regalada; por eso también
era el protector contra los
incendios, y, sobre todo, era
el patrón de los solteros,
de los perezosos y gandules,
de la gente amiga de la juerga
y el vino, el bullicio, de
la fiesta y del ruido.
Campillo ha perdido la memoria
del santo niño, su ermita
ha desaparecido y no sabemos
donde estaba; sólo nos
queda alguna referencia toponímica:
la calle de San Quílez,
el camino de San Quílez,
el pozo de San Quílez,
etc. En el diccionario de Madoz
(1.846), se comenta que la
ermita estaba ubicada al Este
de la población, dentro
del pueblo, y que se encontraba
entonces en ruina. Puede que
ese lugar donde estuvo la ermita
sea la casa de la Juliana y
Juan José y la casa
donde vivió Perico el
Perero, porque quedan algunos
restos que permiten avalar
esta hipótesis, como
por ejemplo dos angelillos
barrocos que hay en la cuadra
de la casa que habitaron Perico
y la Amparo (q.e.p.d.). A ver
si los jóvenes campillanos,
tan amigos del bullicio y la
fiesta, hacen algo para recuperar
la de su santo patrón
y protector.
Santa
Quiteria
Santa
Quiteria es otra santa cuyo
culto y fiesta se ha perdido
en Campillo, pero no su memoria.
Tiene una biografía
legendaria que la hace hija
de unos nombres gallegos, Catelio
y Calsa, y hermana de Santa
librada y siete vírgenes
más. Nació (o
fue martirizada) en un lugar
llamado Balcagia, Aufragia
o monte Oria. Se le representa
con un perro o dos, azucena,
cadena con la que ató
al diablo, espada y corte en
el cuello ya que fue decapitada
por el que iba a ser su marido
al no consentir en perder la
virginidad, y devorada por
una manada de perros. Por eso
Santa Quiteria es la protectora
de la rabia. En otros lugares
se daba Pan Bendito el día
de su fiesta, el 22 de mayo,
que era comido por las personas
y animales para verse libres
de tan mala enfermedad; y esto
es lo que se hacía en
Campillo. La fiesta la organizaba
el Ayuntamiento, que dedicaba
una buena cantidad de dinero
para ella, casi lo mismo que
ganaba al año un escribano.
Se iba en romería a
la ermita, se le hacía
misa y procesión y se
entregaba el Pan Benito, a
la vez que la gente aprovecharía
para beber agua del pozo siempre
con fama de saludable y medicinal.
Aún se conservan los
muros ruinosos de la ermita,
que vino a cristianizar el
lugar de ocupación humana
muy antiguo y que contaba con
sus propios centros de culto
pagano. No sabemos cuando dejó
de funcionar la ermita de Santa
Quiteria, quizá a mediados
del siglo pasado (a la vez
que ocurría con las
emitas de San Miguel, San Cristóbal
y San Sebastián), pero
la documentación histórica
nos informa de que en 1.617
se aplican tres ducados de
los que había dejado
la Beata de Pedro Sáiz
para ayudar a pagar el frontal
del altar de Santiago que había
en la ermita, y en 1.667 visita
la ermita el Visitador del
obispado de Cuenca.
También es patrona Santa
Quiteria de los pedigüeños,
porque, huyendo de su padre,
que la quería casar,
estuvo siete años pidiendo
limosna y viviendo de lo que
las buenas gentes le daban.
Se veneraba en muchísimos
pueblos, en Tébar, en
la Puebla del Salvador y en
Huete, por ejemplo, donde son
famosos los “quiterios”,
nombre que se da a los miembros
de su hermandad, quienes la
llevan en una procesión
donde todo el mundo baila,
santa incluida, al ritmo del
“galopeo” (en Campillo
había costumbre de bailar
a San Antón el día
de su fiesta).
Es la patrona de las mujeres
solteras (de las casadas lo
es Santa Ana, también
con ermita en Campillo), de
la mujer que está destinada
a ser la guía de su
familia y se había de
preparar para ello, el perro
que la acompaña en sus
representaciones es un animal
simbólico, iniciático,
que guía y acompaña
a los sabios y a los que se
preparan para servir a la humanidad
mediante una vida de entrega
al Señor.
A ver si las jóvenes
Campillanas hacen algo por
su patrona Santa Quiteria,
que la memoria y el recuerdo
de las tradiciones campillanas
se está perdiendo, y
una buena medida sería
recuperar su fiesta.
Santiago
Montoya Beleña. Extraído
del Libro de Fiestas 2.001