Las
tradiciones campillanas están
marcadas por una profunda
creencia religiosa. El paso
de los años y los
tiempos cambiantes, han otorgado
a estas tradiciones un aspecto
anecdótico, puesto
que gran parte de ellas se
han perdido para siempre.
Aun así, podemos decir
que en Campillo de Altobuey
durante muchos años
se han mantenido una serie
de tradiciones (ya sean festivas
o artesanas) que han marcado
la historia de este pueblo
y que no podemos olvidar.
Alfarería
(Ollerías)
Si bien sus hornos morunos
hace algunas décadas
que se apagaron, queremos
dejar constancia de la producción
artesanal que llevaron a
cabo las ollerías
de Campillo de Altobuey
De
las cofradías y hermandades
El entramado social
que permitía y hacía
posible la conservación
y manutención de
todo el patrimonio arquitectónico
sagrado eran las Cofradías
y Hermandades. Al igual
que el convento y la iglesia
parroquial es probable que
todas las ermitas existentes
tuvieran su propia cofradía
o hermandad; eso parece
en el caso de San Roque
y San Cristobal, según
anotaciones de archivo;
San Bartolomé también
tiene referencias de cofradía,
así como la del Santo
Nombre de Jesús.
En cualquier caso, por razones
de extensión, no
hemos hecho más que
citarlas, salvo las tres
principales de Ánimas,
Rosario y la Correa; pero
lo que si está claro
es su existencia, su abundante
número y su importancia
para dar contenido a ese
notable continente arquitectónico
que existió, y existe
en buena parte, en este
pueblo conquense de Campillo
de Altobuey.
Santos
venerados
Enfermedades
tan mortíferas en
otro tiempo, como la peste,
la rabia, el malparto, la
muerte súbita infantil,
etc. O de muy difícil
curación, había
que intentar controlarlas
al menos solicitando la
protección divina
y la ayuda de sus santos.
Dos de estos sanadores que
recibieron culto en Campillo
para protegerse sus gentes
fueron San Quílez
y Santa Quiteria.
San
Antón
La
fiesta de San Antón
hunde sus raíces
en un pasado remoto que
se manifiesta en el presente
mediante una práctica
determinada y camina hacia
el futuro -¡negro
futuro! - a desaparecer
para siempre o a conservarse
de algún modo para
las generaciones venideras
conquenses, quienes, como
mínimo, tiene derecho
a saber de esta fiesta de
sus antepasados, si ya no
a participar en ella, cuestión
que tampoco sería
difícil con un poco
de apoyo y entusiasmo por
parte de todos.