La
Cofradía de la Correa
Se nos han
conservado bastantes noticias
documentales de la existencia
y de la presencia de estas
organizaciones. Una de las
más notables fue la
Cofradía de la Correa
de San Agustín y Santa
Mónica, auspiciada
por los padres agustinos,
empeñados en extender
la devoción a Nuestra
Señora de la Consolación
o de la Correa. Por un libro
de Ordenanzas, donde también
se anotaban sus miembros,
sabemos que llegó
a contar unos cinco mil cofrades.
Aparte de los vecinos del
propio Campillo, los había
de buena parte de pueblos
de la provincia de Cuenca,
lo cual nos indica la poderosa
atracción que ejercía
la Virgen de la Loma, y de
numerosas provincias españolas
(Barcelona, Madrid, Toledo,
Valencia, Sevilla, etc.).
Pagaban un real como limosna
al apuntarse; debían
llevar ceñida la cinta
o correa de la hermandad,
confesar y comulgar al menos
19 días al año,
asistir a misa el día
de San Agustín (28
de agosto) con su correspondiente
cera y a la del 5 de mayo
en que se celebraba la conversión
del santo; asistir a las
procesiones de los cuatro
domingo de mes, etc. Sus
cargos eran: un prior, dos
consiliarios (uno clérigo
y otro secular), secretario,
depositario, dos vistadores
de enfermos, un maestro de
ceremonias y dos avisadores
o llamadores de juntas. La
duración de estos
cargos era de un año.
En Campillo de Altobuey empezó
a funcionar el 15 de marzo
de 1.693 y la última
fecha referida pertenece
al año 1.819. De entre
los cofrades, tres mil ochocientos
fueron mujeres y mil doscientos
hombres.
Cofradía
de las Ánimas
La cronología
documental más antigua
que de ella se posee data
del 20 de enero de 1.585,
en su visita del visitador
gral. del obispado de Cuenca
cuya mitra regía don
Gómez Capata. Obtenían
sus ingresos, aparte de las
limosnas en su altar, de
la explotación del
pozo de la nieve, de alquilar
un alambique para destilación
de licores, de pedir pan
por los hornos cuando se
cocía, de pedir limosna
por las casas a toque de
campanilla, de recorre la
bandera, de la representación
de comedias, réditos
de censos propios, renta
de sus tierras, de alquilar
un corredor cuando había
corridas de toros, de las
mandas y herencias testamentarias
que son transformadas en
dinero; ingresos que se gastaban
en misas en su propio altar
de la parroquia, misas de
alba que pagaban muy bien
al clero parroquial y local.
Al entrar en la cofradía
solían dar dos libras
de cera y algún dinero
de limosna y solían
entrar familiares a la muerte
de algún cofrade,
en cuyo caso cada uno debía
encargar una misa por el
fallecido en el plazo de
ocho días. Además,
la cofradía decía
una misa y corría
de su cuenta la sepultura,
el funeral y misa de cuerpo
presente; como si de un seguro
de defunción se tratase.
Era una cofradía masculina,
donde el cura es el hermano
mayor y el juez de la misma.
La documentación habla
del alcalde de ánimas,
y de sus ministros, y en
ocasiones de alcaldes, en
plural, que parece ser era
el nombre dado a los pedidores
de noche, quienes lo hacían
con un uniforme particular
que llevaba calzones de paño
azul y polainas. Los hermanos
también pagaban una
pequeña cantidad anual
por ser miembros de la cofradía:
dos reales el día
de Navidad. Para ingresar
se requería tener
cumplidos siete años,
ser residente en la villa
y no padecer enfermedad por
la que pudieran próximamente
perder la vida. La recogida
de nieve por parte de los
hermanos y simpatizantes,
su almacenamiento en el pozo
y su venta estival, eran
unas de las tareas más
importantes en las que colaboraban
y por lo que obtenían
grandes ingresos. Los pedidores
de noche iban solos y se
repartían el pueblo
en distritos; no sabemos
cómo pedían
limosna, pero quizá dijeran algo parecido:
A
las Ánimas Benditas
dadles dinero, devotos
que es posible que algún
día
lo pidan para vosotros
En
Campillo estuvo funcionando
esta cofradía hasta
el año 1.893
Cofradía
del Rosario
Otra cofradía
importante fue la del Rosario.
Se contituyó el 25
de marzo de 1.622 y llegó
de mano de Fr. Jacinto García,
dominico del convento de
la Santa Cruz, de Carboneras
de Guadazaón, pueblo
vecino de Campillo de Altobuey.
En realidad, es otro caso
de refundación porque
estaba languideciendo. Sus
constituciones se encuentran
localizadas en El primero
de defunciones (1.593-1.610)
del Archivo Parroquial. Su
objetivo era extender la
devoción por el rezo
del Santo Rosario a la Virgen,
recibiendo sus cofrades el
nombre de "esclavos
del Rosario", que eran
treinta y tres, en atención
a los años de vida
de Jesucristo. Entre sus
cargos contaban con un prioste,
dos mayordomos, capellán
y dos diputados, estos últimos
los mayordomos salientes
del año anterior.
Para
entrar en la cofradía
se exigía limpieza
de sangre, es decir, ser cristiano
viejo, "sin raça
ni mácula de Judío,
moro, ni penitenciado por
el Stº Oficio ni Recién
convertido a nra. Stª
fe católica ni descendiente
de tales", según
recoge el citado reglamento.
Tenían misas encargadas
los doce primeros domingos
de mes y en las cuatro festividades
de la Virgen (Purificación,
Anunciación, Asunción
y Natividad), las cuales eran
de asistencia obligatoria
para los hermanos. Tenían
también la obligación
de confesar y comulgar todos
los primeros domingos de mes
y, además, asistir
ocho esclavos con hacha de
cera a la misa mayor parroquial;
antes de esa misa se hacía
procesión con la Virgen
del Rosario alrededor de la
iglesia y todos debían
asistir con sus cirios encendidos.
El primer domingo de octubre
tenía lugar su fiesta
solemnísima, con danzas,
comedias, etc., para conmemorar
la victoria de Lepanto sobre
los turcos el año 1.571.
En caso de muerte de un cofrade
todos habían de asistir
y rezar un rosario entero
aplicado por el difunto, así
como sufragar tres misas por
su eterno descanso. La falta
de cumplimiento de sus obligaciones
devocionales sin causa justificada
podía ser motivo de
expulsión.
Otras
cofradías ubicadas
en el convento agustino
Parece que
también tenían
su sede en el mismo convento
la Hermandad de la Sangre
de Cristo, la de Jesús
y la Soledad, la Cofradía
de Nuestra Señora
de la Loma y la Cofradía
de la Cruz de Mayo. La de
la Sangre de Cristo tenía
encargada todos los domingos
una misa rezada a la salida
del sol y por ella daba tres
reales de limosna. La de
Jesús y la Soledad
igualmente encargaba una
misa rezada en su altar todos
los domingos, pagando dos
reales de limosna por ella.
La Cofradía de Nuestra
Señora tenía
encargadas cinco misas en
las cinco fiestas de la Virgen,
dando tres reales de limosna
por cada una de ellas. Y
la Cofradía de la
Cruz de Mayo decía
una misa rezada el día
de su fiesta, por la que
contribuían con tres
reales de limosna