La ermita de San Roque (aunque bien podríamos de iglesia), conserva documentación de 1.610 en el "Libro de la hermita del Sr. S. Roche Patrón y... de la villa de Campillo de Altobuey", pero cuya arquitectura nos permite aumentar su antigüedad al siglo XVI e incluso al XV. Si en 1.614, en anotaciones del 12 de abril, el mayordomo saliente, Sebastián de Utiel, encarga unas puertas nuevas a su costa, pero indicando que se aprovechen las argollas, cerraduras, clavazón y herrajes de las puertas viejas (por lo demás un magnífico trabajo de algún maestro herrero local y que sigue luciendo espléndido en las actuales), podemos pensar que como mínimo tenían una antigüedad de unos cien o ciento cincuenta años, dad su fortaleza y robustez, y así datar la ermita en el siglo XV. Pero a ello se pueden añadir elementos arquitectónicos fechables en la mencionada centuria, como son los dovelado arco de la entrada o las estrechas ventanas de su fachada sur que vendrían a confirmar la antigüedad propuesta.

Sufrió una gran crisis económica alrededor de los años 1.610 - 1.620, de la que salió gracias a las limosnas de los fieles devotos. Una anotación de 13 de abril de 1.614 en que se visita el libro, informa claramente que "la Ermita del Sr. San Roque desta dha villa está empeçada açer y que por no tener con que, no se acaba ni puede acabar por la gran pobreza de la dha Ermita si noes que se hace de lismosna..." autorizando el visitador a pedir limos na de lana en tiempo del esquilo y de trigo y cebada por las eras en agosto, así como permitiendo el trabajo de los vecinos en fiestas de guardar que no fueran pascuas, ni de nuestra Señora, ni de Nuestro Señor, ni de San Juan Bautista ni de los apóstoles.

Con posterioridad, las mandas testamentarias, censos, el alquiler de una era, el préstamo de lo que en documentación se llama "el benablo de la Ermita", un pozo de su propiedad, pagos por llevar el estandarte y limosnas, sobre todo, son los medios de recabar fondos para entender el culto y la fábrica del templo. Y no iba mal la economía de la ermita, pues en 1.658 compran un retablo que costó 13.584 maravedíes en la población de El Quintanar, siendo su entallador Julio López Panadero y el dorador-estofador el pintor Bartolomé Sáiz, vecino de Enguídanos, retablo para el que se hicieron unas pinturas en Madrid, pero de todo lo cual nada más sabemos por el momento.

En 1.821 se hace un inventario de los enseres de la ermita (un relicario, una imagen de la Virgen de marfil, un Cristo de plata, etc.) que van a ser trasladados a la parroquia, lo que nos habla de una baja en el culto y devoción de San Roque o de unas condiciones precarias y deterioro de la ermita. Desde entonces hasta la actualidad parece que la actividad religiosa en la misma se vería reducida a un novenario antes de la fiesta, procesión y misa solemne ese día y poco más.

También cabe constatar la devoción procesada al santo abogado contra la peste, llagas ulcerosas y enfermedades pulmonares, al que para ello se le rendía culto, se recorrían las calles con su imagen para conjurarlas o se prevenían bebiendo las aguas del pozo de su propiedad.


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