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Vista la ubicación de las ermitas campillanas en una disposición circular, como si de un cinturón de protección se tratase, podemos afirmar que sus lugares de asentamiento no son casuales, sino intencionales, cuidando especialmente las vías de acceso y salida de la población y actuando como de filtro sagrado y protector, como puertas o murallas de defensa espiritual para la misma. Constituyen una especie de delimitación del espacio a proteger, que deviene en sagrado, y que para acentuar más estos efectos beneficiosos y piaculares, era recorrido por comitivas y procesiones con motivos de otras fiestas del calendario litúrgico cristiano o en honor de los santos a los que tenían una especial devoción, por las razones que fueren.

Cristo
Padre Eterno
Santa Ana