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Como
ya hemos comentado con anterioridad,
el paso de los años
ha hecho mella en las numerosas
edificaciones religiosas que
se construyeron en Campillo.
Varias de estas han desaparecido
sin dejar rastro pero gracias
al Archivo parroquial de Campillo
de Altobuey, tenemos testimonios
escritos de éstas.
- Ermita
de San Miguel
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Emplazamiento
aproximado de la Ermita
de San Miguel |
Hubo
una ermita dedicada a San
Miguel, en pie y con culto
hasta mediados del siglo
pasado. Estaba ubicada, como
es habitual en los santuarios
del santo arcángel,
sobre un altonazo que dominaba
la vega y las mejores tierras
de cultivo de la población
(a la derecha del "Pozo
Nuevo"). A los pies
del montículo afloraban
las aguas de un manatial
conocido por los lugareños
como "Fuente de San
Miguel". En la actualidad
no quedan restos arquitectónicos
de ella y su solar son campos
de cultivo; sabemos que su
interior estaba recorrido
por poyos para sentarse,
que tenía coro, que
en la puerta había
una cruz de piedra y que
en 1.753 labró la
pila del agua bendita el
canterero campillano José
Moreno. Fue vendida (cumpliendo
órdenes del gobernador
provincial en 1.846) por
el cura párroco don
Manuel Escobar y Noriega
en 832 reales que se invirtieron
en arreglar el cementerio
y la iglesia.
- Ermita
de San Cristóbal
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Emplazamiento
aproximado de la Ermita
de San Cristobal |
San
Cristóbal, el patrón
de los caminantes, estuvo
ubicada en una elevación,
junto a dos molinos de viento,
los últimos de la
Mancha conquense, en lo que
la gente
llama "la era empedrada",
solar que debió ser
de propiedad municipal y
antes eclesiástica,
por estar allí la
ermita, y que no pagaba impuestos
por esta razón y su
firme era de guijarros de
río y no de tierra
apisonada y lisa como es
habitual en las eras de pantrillar.
En la procesión de
bendición de campos,
celebrada el día de
San Isidro, un año
se iba a este paraje de San
Cristóbal, que la
toponimia también
ha conservado, y otro año
se iba hacia la ermita de
San Miguel. San
Cristóbal es considerado
como uno de los catorce santos
auxiliares de la humanidad,
es protector de las cosechas
y abogado para no tener una
muerte repentina.
- Ermita
de San Quílez
De la ermita de San Quílez,
de la que nada se ha conservado,
salvo la noticia toponímica,
sabemos que estuvo situada
muy próxima al convento
agustino de la Virgen de
la Loma. Dispuso de un pozo
y abrevadero para ganados
trashumantes y se ubicó
junto a una vereda de la
Mesta, invadida por los propietarios
vecinos según práctica
frecuente en este tipo de
propiedades comunales y prácticamente
desaparecida en la actualidad
después de la concentración
parcelaria.
- Ermita
de Santa Quiteria
El caso de la ermita
de Santa Quiteria es más
importante y de ella perviven
aún sus ruinas al
pie del cerro de su mismo
nombre, a unos pocos kilómetros
de Campillo. Este monte de
Santa Quiteria es un yacimiento
que podría pertenecer
a la cultura del Bronce;
se trata de un poblado con
doble línea de fortificaciones
y foso entre ellas, ubicado
en la cumbre, donde se han
hallado restos cerámicos
de varias calidades, restos
metálicos, adobes,
etc.
Lo mismo que Santa Ana era
la protectora de las mujeres
casadas, Santa Quiteria lo
era de las mujeres solteras,
de la virginidad, de los
buscadores de la Verdad,
de los saludadores que decían
curar la rabia con su saliva
por haber nacido el día
de Navidad y tener una cruz
en el paladar.
- Ermita
del "Santo"
Nos queda hablar de otra
posible ermita de la que
ninguna cosa sabemos más
que la proporcionada por
la toponimia. Es un paraje
que se llama "El Santo",
situado también en
las afueras del pueblo, al
borde de la carretera que
conducía a Valencia
y, por tanto, al borde de
una de las vías de
entrada o salida de más
importancia. En alguna medida
constituiría un hito
sagrado destinado a proteger
el pueblo y sus moradores,
colocada en ese círculo
protector entre las ermitas
de San Quílez y San
Sebastián. Quien fuera
este anónimo "Santo"
nos es desconocido; quizá
fuera alguna ermita dedicada
al santo patrón de
la Villa, es decir, San
Andres
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