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Declarado
Bien de Interés Cultural
según BOE 15 de marzo
de 1.999
Dispone
Campillo de Altobuey de un
gran Santuario mariano, que
fue centro de peregrinación
en la comarca y provincia;
se trata del convento agustino
recoleto y santuario de Nuestra
Señora de la Loma.
Es una fundación de
fines del siglo XVII, de 1.680,
en cuya construcción
se tardó una veintena
de años, que recogía
el culto dirigido a la Virgen
en una ermita medieval, puesta
bajo la advocación
de Nuestra Señora de
los Ángeles, patrona
de la gente de los caminos.
Según
la tradición, la reconquista
de Cuenca por Alfonso VIII
se debió a la intersección
de un sagrado simulacro que
apareción con una "luz"
y en una "loma",
otorgando la victoria a los
cristianos sobre los infieles.
Esta pequeña imagen
que apareció en una
loma o pequeño montículo
del terreno, fue regalada
por el rey castellano al capitán
aragonés de apellido Jaraba (Xaraba)
en señal de gratitud,
así como numerosas
tierras y posesiones en Campillo
de Altobuey para premiar su
colaboración en la
guerra contra el infiel. Y
así llegó, siempre
según la tradición,
aquella virgencilla que se
apareció en una loma
de las afueras de Cuenca,
al pueblo de Campillo, terminando
colocada sobre la puerta de
la ermite de la Virgen de
los Ángeles a la que
acabó desbancando en
la devoción popular
por su fama de madre milagrosa,
robo de la imagen por el caminante
de turno y vuelta obstinada
al lugar donde generosamente
la habían depositado
los últimos miembros
de la familia Jaraba al ausentarse
definitivamente de la población.
El
convento y santuario de Nuestra
Señora de la Loma es
una fundación del propio
municipio, que la encarga
a la orden agustina recoleta,
entregándole la propiedad
de la antigua ermita y terrenos
aledaños, así
como la imagen de Nuestra
Señora. Los inicios
de la fundación están
envueltos en un peliagudo
pleito con los franciscanos
de la vecina población
de Iniesta, quienes se sentían
perjudicados en la captación
de limosnas que llevaban a
cabo por la zona. La posibilidad
de pedir limosna era fundamental
para cualquier comunidad religiosa
y su sustento. En Campillo
se podía pedir trigo
por las eras en tiempo de
trilla, mosto durante la vendimia,
azafrán en los días
en que se recolectaba, lana
cuando se esquilaba, huevos
por las casa del pueblo dos
días por semana, pan
cuando se cocía, etc.,
y todo esto suponía
buenos ingresos en especie,
luego transformables en dinero
mediante su venta o en otro
productos necesarios mediante
su canje. Los agustinos recoletos
predicaban la Cuaresma en
Campillo y los pueblos limítrofes,
y celebraban abundantes misas
que les encargaban las numerosas
cofradías y hermandades
o particulares. En el momento
álgido de la vida conventual
llegó a contar el convento
de la Loma con cuarenta agustinos
recoletos, entre padres, legos,
coristas y donados; si a ellos
unimos otros veinte clérigos
seculares parroquiales atendiendo
las diversas ermitas de la
localidad, cofradías,
hermandades, y todos viviendo
de la práctica ministerial,
podremos darnos cuenta de
la importancia de lo sagrado
y de la efervescente práctica
religiosa de los campillanos.
La
iglesia del santuario es prácticamente
lo único que queda
en pie de este convento agustino
recoleto. Lo que fue claustro
y cuerpo conventual ha sufrido
una de las más sorprendentes
trasnformaciones llevadas
a cabo en un edificio religioso:
se ha convertido en plaza
de toros; y esta reutilización
de espacios arquitectónicos
fue presentada por el Colegio
de Arquitectos de Madrid como
algo curioso, y lo es, cuando
el calificativo que merece
debió ser otro; sólo
queda una hermosa y sobria
fachada de buen sillar cuadrado.
En
lo que si merece la pena detenerse
es en el comentario sobre
el templo. Se trata de una
deliciosa muestra del mejor
barroco andaluz, y digo andaluz
porque perteneció a
la provincia agustina de Andalucía,
con la que mantuvo abundantes
relaciones, donde se inspiraron
para su construcción
y decoración de abigarradas
yeserías y de donde
vino su fraile-arquitecto,
el padre fray Pedro de San
José, Pedro Ocaña
en el mundo, el cual, sorteando
la rigidez normativa de la
orden recoleta, repitió
varias ocasiones seguidas
en el priorato (que no era
frecuente) para poder seguir
atendiendo y levantando tan
hermoso santuario. En la fachada
principal de la iglesia queda
constancia de su autoría
mediante los siguientes versos
grabados en los sillares:
Con
la comarca esta villa
y con sus hijos Ocaña
en un lustro con su maña
ha hecho esta maravilla
Y
otra inscripción en
latín que dice: "A
Domina factum est istud"
(Esto fue hecho por la Señora),
nos está indicando el
apoyo y la intervención
sagrada atribuida a la Virgen
María para conseguir
que le fuera levantado el santuario.
Más
parece una iglesia barroca
andaluza que castellana. Sorprendido
queda el visitante ante la
fastuosidad salomónica
y dorada de las columnas del
retablo mayor o la abundancia
de yeserías en el intradós
de la cúpula y en otras
zonas de la nave. Pero los
poderes públicos parecen
no saber ponderar la importancia
de este edificio barroco conquense;
la ayuda institucional para
su restauración (unos
diez millones de pesetas) ha
sido mínima y de miserable
ha quedado, pues, más
del triple han aportado los
ya de por sí escurridos
bolsillos de sus habitantes,
agricultores y jubilados, principalmente,
quienes han sabido dar una
lección de interés
y de sensibilidad a las altas
instancias administrativas,
más preocupadas por
la rentabilidad política
de las ayudas concedidas en
otros lugares.
Descripción
artística:
Este
conjunto monumental, que consta
de templo, cuerpo conventual
y huerta, es el producto de
una fundación municipal, que
empezó su andadura como hospicio
de caminantes peregrinos y
pobres, a caballo entre los
siglos XVII y XVIII. La huerta
se encuentra protegida por
una tapia, que envuelve a la
iglesia y al convento, y se
une a ellos en la fachada.
Se accede desde la fachada
por una puerta amplia, con
jambas de sillería. Los restos
del convento se encuentran
en un cuadrado de cuarenta
y tres metros de lado, con
una fachada austera de sillares.
En el centro del dintel de
la puerta izquierda se encuentra
un escudo, en medio relieve,
con el corazón agustino. En
el piso bajo se abren, a continuación,
tres vanos rectangulares; por
encima corre un primer y único
piso, donde se abren diez vanos
rectangulares y un óculo pequeño.
Como coronamiento presenta
una cornisa que discurre por
toda la fachada, en moldura
de cuña reversa. En el interior,
en el centro de lo que ahora
es plaza de toros y antes patio
claustral, se abre un pozo.
Por el norte, el convento se
adosa a la iglesia, de estilo
barroco, de una sola nave.
Las capillas del lado de la
Epístola se comunican entre
sí por unas aperturas recientes;
realizadas para paliar los
efectos que produce, sobre
las paredes de la Iglesia,
la humedad que proviene de
la plaza de toros.
Las capillas laterales tienen
bóvedas de arista; y se abren
a la nave mediante arcos de
medio punto, sobre los que
discurre un piso de tribunas
con celosía, a modo de balconcillos,
que dan a la nave, al crucero
y al presbiterio. El camarín,
situado detrás de la cabecera,
a la altura del primer piso
del retablo, hace accesible
la imagen de la Virgen. El
retablo mayor, de estilo barroco,
y realizado en madera de pino,
llega hasta la bóveda; presenta
seis columnas salomónicas,
y sus motivos son símbolos
referidos a San Agustín. En
el exterior del templo, el
único acceso se produce desde
la fachada. Ésta es de sillería
con tres vanos elevados, de
medio punto, de los que los
dos laterales permanecen cegados.
El resto de los paramentos
exteriores se conforman con
aristas, marcos de ventanas
y primeras líneas bajo el tejado
ejecutados con sillar bien
dispuesto. La fachada tiene
cuatro pisos. En el primero
se abren tres hornacinas aveneradas,
con esculturas de bulto redondo,
enmarcadas con doble moldura
rectangular; la hornacina central
cuenta además: en su parte
inferior, con una repisa y
un relieve vegetal; y, en los
laterales, con columnillas
de capiteles decoradas. En
el segundo piso son de reseñar:
en la calle central, un relieve
del escudo agustiniano, decorado
con unas sinuosas volutas;
y, en las calles laterales,
ventanas abiertas al coro de
la iglesia, que se enmarcan
con molduras rectangulares
quebradas. En el tercer piso,
la calle central presenta un
relieve del anagrama mariano,
a la izquierda otro con un
sol y, a la derecha, otro más
con una luna creciente. Y coronando
la fachada, en el cuarto piso,
se dispone en el centro una
cruz latina, y en los laterales
sendos pináculos de bolas esculpidas.
Con la marcha de los Agustinos,
el edificio del Convento entra
en un rápido proceso
de ruina.
Fechas
importantes:
- 8
de enero de 1.680: Aprobación
del Ayuntamiento y Clero
de Campillo de Altobuey,
reunidos por separado, y
luego conjuntamente para
la fundación.
- 14
de Noviembre de 1.681: Licencia
de la Silla Apostólica
para la fundación.
- Julio
de 1.690: La orden Agustina
toma posesión de la
Ermita de Nuestra Señora
de la Loma, quedando fundado
el Convento.
- 8
de Septiembre de 1.712: Consagración
de la Iglesia del Convento.
Del 7 al 12 de Septiembre
la villa celebra fiestas
muy pomposas para celebrar
este acontecimiento.
- 22-25
de Abril de 1.768: Celebración
en el Convento de Nuestra
Señora de la Loma
del Capítulo Provincial
de la Orden Agustina.
- 1.835-36:
Los Agustinos abandonan Campillo
por la aplicación
de la Ley de Desamortización
llevada a cabo por el ministro
de Hacienda Juan Álvarez
Mendizábal. Por esta
ley se procede a la venta
por pública subasta
de los bienes de las comunidades
religiosas.
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