En esta Villa, pues, y a muy corta distancia de la población se hallaba una Ermita, intitulada de Nuestra Señora de la Loma, cuya historia a ésta por estar en posesión de su tesoro nuestra Descalcez Sagrada. Por los años de 1.176, reinando en Castilla el Rey Don Alonso, y en Aragón el
Rey Don Alonso segundo, dominaban los Moros la Ciudad de Cuenca, y todas sus inmediatas serranías; por lo cual se movió aquél a la conquista de tan principal Ciudad, y este a enviarle tropas auxiliares de sobresaliente valor, que fuesen bastantes a la consecución del fin. Púsose cerco a Cuenca, y prosiguiendo el asedio ciertamente trabajoso, sucedió que algunos de los soldados vieron a la falda del monte en que se hallaba situada la Ciudad, y junto a una loma de él vieron una luz muy refulgente y clara, que tuvieron por señal de la deseada victoria. Cavaron la tierra en el parage donde la luz se descubría; hasta que al poco rato encontraron una caja, y abriéndola gozosos, hallaron en ella una imagen de la reina de los Cielos, con lo cual, clamaron a una, llenos de regocijo: Ea, que por nosotros está la victoria; nuestra es la plaza, pues se ha manifestado en nuestro ejército la reyna, que nos anima la Belona, que nos esfuerza, y la que es más fuerte, terrible como el Ejército mas formidable.
Presentaron la Caja con el tesoro que contenía al Rey Don Alonso quien, lleno de gozo Santo, juzgándose vencedor envista de tal auxilio, enarboló sobre su estandarte tan real simulacro bello (para lo cual, es hechura proporcionada, porque excede poco de media vara en su altura, y tiene en medio del pedestal un barreno, por donde pudo encajarse la punta de la hasta del Estandarte Real) y manifestándolo a toda su gente, es de creer que animaría al más cobarde. con cuya diligencia aumentado todo el Ejército el celo a la Religión Cristiana, a vista de esta Reyna Poderosa, acometieron los nuestros a la Ciudad, la que rindió el enemigo, y entraron en la plaza vencedores, día de San Mateo del año 1.177. Como los aragoneses tuvieran gran parte en este triunfo, los honró el Rey de Castilla, dándoles muchas rentas y posesiones en aquel districto y a uno de ellos, de linaje ilustre, cuyo apellido era Xarava, le concedió la Santa Imagen, (que llamaron desde entonces la Virgen de la Loma, en alusión al paraje donde la encontraron) con muchos heredamientos en el Campillo, y en otros vecinos Pueblos. Por este motivo asentó su Casa el Caballero en dicha Villa, teniendo en ella la Sagrada Imagen.
Pero pasado algún tiempo, como se ausentase con toda su familia, colocaron los Alcaldes del Campillo la estatua de Nuestra Señora en un nicho que había sobre la puerta de la Ermita de la Virgen de los Ángeles, que estaba fuera de la población y la dejaron allí expuesta a que cualquiera la pudiera hurtar, como en efecto llegó a suceder.
Porque pasando un caminante del estado de Jorquera, como se llegase a la puerta de la Ermita a guarecerse de una tempestad que le acosaba, reparó en la Imagen, y le pareció, según lo es muy hermosa; con que compadecido de que la tuvieran allí sin decencia, culto, ni veneración, hecho ladrón, y a su parecer sin culpa, la alcanzó la metió en una alforja y marchó con ella. Mas cuando ya distante del Campillo quiso reconocer el objeto de sus efectos, se halló sin aquel tesoro en que iba confiado. Lleno de admiración, determinó volverse al lugar donde había practicado el logrado robo, y viendo la Imagen en su nicho entró en la Villa, publicando a voces las maravillas asombrosas de nuestra Divina Reyna.
Conociendo entonces los devotos vecinos que debían guardar su Paladión poderoso con mayor cuidado, entraron el Sacrosanto bulto dentro de la Ermita, y lo colocaron en una Capilla, pequeña que dispusieron con devoción apresurada. Como el suceso del ladrón corriese la voz en alas de la fama del tesoro que tenía Campillo en aquel Simulacro prodigioso, dió en concurrir innumerables gentes a visitarlo y la Madre de piedades el acudir a todas las necesidades con el alivio a imitación de su Santísimo Hijo. Imperaba no sólo a las fiebres malignas, sino a las tempestades furiosas, al fuego, a la tierra y a la agua. No había necesidad que esta Señora no remediase, ni adversidad o contratiempo que no favoreciese.
Especialmente constan los prodigios que se siguen:
Una niña de nuve años nacida en Campillo, hija de Pedro Salvador, padecía mal de corazón, pero implorando sus padres al patrocinio de Nuestra Señora ante su Sagrada Imagen, se apareció la Madre de piedades a la enferma y quedó para siempre libre de dolencia tan peligrosa.
Bartolemé Navarro, cirujano de facultad y natural de la misma Villa, se hallaba en Madrid por los años de 1.654 desauciado de cuatro médicos por las violencias de unas calenturas malignas, en cuyo estado apeló a la Virgen de la Loma, ofreciéndole visitarla personalmente y servirla con una lámpara de plata si le concedía la vida, y logró se deseo sin otra diligencia.
María Martínez cayó en una balsa de agua demasiadamente profunda sin haber por allí quien pudiese socorrerla, donde estuvo largo rato luchando con la muerte e implorando el auxilio de Nuestra Señora de la Loma. Al instante acudió milagrosamente un hombre que le pareció un ángel caído del cielo para librarla, como lo ejecutó, de tal inminente peligro.
En el año de 1.679 un niño de diez años, hijo de Josef de Tórtola, saliendo al campo se quedó perdido sin poderlo encontrar por más diligencias que se hicieron, pero acudiendo los interesados al trono de la gracia, que es María en el Santuario de la Loma, apareció el niño al cabo de siete días, con evidente milagro, sano y robusto, habiendo carecido tan dilatadamente de sustento.
Con estas maravillas que se fueron experimentado, creció hasta lo sumo la devoción a esta Sagrada Imagen no sólo en Campillo, sino también en los pueblos de la comarca, con lo cual se le edificó una Capilla, sumptuosamente en la misma Ermita. Ni se contentaron con esto los vecinos de la Villa, pues comenzaron a tratar la fundación de un Convento de Religiosos a fin de que estuviese Nuestra Señora con mayor culto.
Coronación
La virgen de la Loma fue coronada en el año 1.924 por el entonces obispo Cruz Laplana y Laguna y en 1.936 después de múltiples tentativas hay por elementos extraños al pueblo, fue quemada la imagen de nuestra señora de la Loma, pero milagrosamente la cabeza de las imagenes de nuestra señora y de su hijo se salvaron de las llamas y, conservada por un vecino de Campillo fueron puestas al término de la cruzada sobre la talla que se llevó a cabo para completar la imagen. En el año 1.952 con las debidas autorizaciones oficiales, fue nombrada alcaldesa mayor perpetua de la villa de Campillo de Altobuey, imponiéndole, con este motivo, un valioso bastón de mando; a este acto se unió todo el vecindario y los hijos de Campillo, residentes por toda España.
La virgen de la Loma ha salido de su pueblo, de una manera oficial, únicamente tres veces desde la reconquista de Cuenca; la primera con motivo de la coronación de la Virgen de la Luz el día 01/06/1.950, la segunda para la coronación de la Virgen de las Angustias, el 30/05/1.957 y la tercera en el año mariano en el sitio de consolación; en los tres casos, por su antigüedad ocupó lugares preferentes en los actos.
La romería que acompañó a esta veneradísima imagen el día 30 de mayo para asistir al acto de la coronación de la Virgen de las Angustias, estaba integrada, entre los hijos residentes en el pueblo y los que se le unieron en Cuenca, por 2.000 personas.
La comitiva hizo su entrada en la capital, precedida de 50 lanzadores de cohetes que sembraron materialmente el cielo con más de 600 docenas de estos cohetes de luces multicolores; seguían después pancartas y grupos de jóvenes ataviadas con la clásica mantilla y luciendo otras el traje regional. La santísima Virgen iba sobre sus andas de plata labrada, adornada con flores blancas, traídas expresamente desde Valencia, y a hombros de los campillanos; presidía la corporación municipal y en esa presidencia figuraba asimismo, Don Fernando Evangelio, sacerdote hijo del pueblo, y cerrando la comitiva la Banda Municipal, dirigida por Don Pedro Tinaut. Así fue conducida Nuestra Señora a la Catedral, en donde toda la noche se mantuvieron en su compañía gran número de campillanos; con el mismo y vistoso cortejo desfiló en la procesión de la coronación situada inmediatamente delante de la Virgen de la Luz; dirigió la procesión el sacerdote Don Pedro Navarro, caracterizándose el desfile por el especial canto del santo Rosario, que a los acordes de la banda de música entonaban todos sus acompañantes.
El día primero de junio, antes de salir Nuestra Señora de la Loma para Campillo, los hijos de este pueblo residentes en Cuenca, dedicaron a su patrona una solemne función religiosa, llevándola procesionalmente hasta las afueras de la ciudad, en donde fue colocada en el vehículo que había de devolverla a su villa, bien escoltada por la gran romería que la acompañó. A su llegada al límite del término municipal de Campillo, la comitiva era esperada por un gran número de coches, llegando así hasta el pueblo, en donde fue puesta de nuevo sobre las andas y conducida a la parroquia en procesión siempre acompañada de las autoridades y de los mayordomos de la imagen, Don Antonio Lorente y Doña Dolores López Cobo Cañada. (Libro de Fiestas 2.008 - Fco. Javier Carrascosa)